Seguidores

domingo, 10 de noviembre de 2013

Andrés Caicedo

Sí, odio todo esto, todo eso, todo. Y la odio porque lucho por conseguirla, unas veces puedo vencer, otras no. Por eso la odio, porque lucho por su compañía. La odio porque odiar es querer y aprender a amar. ¿Me entienden?. La odio, porque no he aprendido a amar y necesito de eso. Por eso odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada…
Las mariposas sienten vísceras cuando se enamoran.
Me he quedado con lo último de ti, que al parecer, por lo que viene a ser, es tu ausencia...
También uno se vuelve adicto al placer de querer algo que no se puede tener, más que un capricho, el desafío.
Piensa que si un día ella no está echarás de menos hasta su caminar, su despertar, su forma de hablar. Su mal humor, su estar mejor.
Solo vuelve lo que realmente vale la pena, lo que no tiene que estar a tu lado, solo se aleja.
Se nos lleno de flores el otoño, nos quemó el invierno y ya no nos quedo ninguna primavera para enamorarnos.
Puede que vuelvas, pero a mí no me engañas, nunca lo harás del todo...

Íbamos a salvarnos la vida, pero siempre falla algo, los desvíos duelen de la hostia, y te fuiste de este vacío dejando las cenizas.
Si no juegas con fuego morirás de frío.

Iba primero en las carreras de tus medias, pero las ganas de tu boca me ganaron.

Que yo sólo me perdí para que alguien pudiese encontrarme.

martes, 5 de noviembre de 2013

Los borrachos siempre dicen la verdad.

Después de unos cuantos tragos de Buchanans con redbull y charlas vacías, necesitaba un cigarro. Pedí uno y salí a fumar. Observe mi alrededor, nunca había estado en esa parte de la ciudad, me di cuenta que estaba sola. Le sonreí a mi soledad, alce la vista al cielo, y pude ver las estrellas, mi sonrisa desapareció, al recordar las tantas madrugadas que había compartido un cigarro y las estrellas contigo. Te maldije por el vicio al que me indujiste, que siempre termina recordándome que ya no estas.

J. Porcupine

No te bajaré la luna—le dije—, más bien te llevaré hasta ella. Ella se maravilló por eso, y respondió diciendo que yo sería el astronauta de sus sueños. Me pareció increíble. Y más increíble fue, que al pasar del tiempo, el viaje tuviese que cancelarse; por razones que aún no entiendo (tal vez por estúpido o porque son estupideces). Y sí, me dejó en la luna, como quién dice. Me hizo astronauta, después de todo.
Crees que solo quieres morir, pero, en realidad, solo quieres que te salven.
Arte. Como amarte, dibujarte, pensarte.

Denise Márquez.

Tengo miedo de malinterpretarte. Miedo de confundir tus palabras con coqueteos, pensar que tu presencia es amor, creer que tu indiferencia es sólo tú siendo prudente. Temo que entre tantas bromas no pueda diferenciar la verdad e ilusionarme por pensar que lo que dices es para mi y que tus recaídas son porque me extrañas. No dejes que te malinterprete, necesito que me digas una vez más: NO.
_ ¿Estarías con alguien sin un brazo o una pierna?
_ Claro, ya estuve con gente sin corazón.
No tengo nada asegurado. No sé cuándo me va a besar, cuando me va a abrazar o acariciarme, tomarme de la mano o simplemente mirarme y desarmarme… Es esa emoción, esa ignorancia, el hecho de que es una caja de sorpresas parte de lo que me atrae, como fierro al imán.

Foreskelt-Fernweh

¿Para qué ser astronauta si puedo ser más que eso a través de sus besos?
Tengo sed de verte. Tengo hambre en general.
Sus ojos,
ellos sí que sabían hablar...


Besaría la boca de la muerte,
si la muerte tuviera sus ojos.

Deberíais ver su espalda. Es, sin duda, el mejor cuento para dormir que conozco.
Lo ideal sería tener el corazón en el cráneo y el cerebro en el pecho. Así, pensaríamos con amor y amaríamos con inteligencia.
A veces no estoy feliz, ni me siento triste. Simplemente no siento nada, nada me emociona ni nada me disgusta. Nadie me acompaña y me siento sola, pero a veces prefiero estarlo y que nadie me rodee. 
¿Nunca has tenido esa sensación de no estar bien, pero tampoco estar mal?, ¿Sentirte solo y vacío, pero sin necesidad de que alguien vaya a tu lado? 
Yo si me siento así más veces de las que quisiera...

Una soga por favor.


Le conté un par de mis secretos y salió huyendo.
No verás mi lado débil.

Karmelo C. Iribarren

Y al final, uno, qué remedio,
acaba aceptando que es así,
asume el fracaso,
se mira en el espejo y se da risa
(o llora, pero muy bajo),
se dice que la vida..., en fin,
que no hay nada que hacer, 
y ni siquiera se queja, para qué.