Yo la miraba dormir, y no entendía quién de los dos soñaba.
Seguidores
jueves, 12 de diciembre de 2013
martes, 10 de diciembre de 2013
domingo, 8 de diciembre de 2013
miércoles, 4 de diciembre de 2013
Compañera, sin duda.
Fuiste tan certera al decir que a veces la vida nos gana, nos deja, nos tira, nos mata, enajenándonos, contradiciéndonos y amarrándonos a una soledad irremediable. Y así mismo me he sentido, bombardeada, crucificada, atormentada, terriblemente entristecida porque la vida intenta vencerme y he respondido con la cobardía, escondiéndome de ella ante la imagen de la dicha, una dicha casi muerta...
-Julio Cortázar- Modelo para armar.
Hasta el final pensaré que puedo haberme equivocado, que las evidencias que te manchan contra mí, que me vomitan cada mañana en una vida que ya no quiero, nacen quizá de que no supe encontrar el verdadero orden y de que tú misma no entendiste nunca lo que estaba pasando…
-Jorge Gonzalvo Díaz-
Te regalo un cuento. Podía haber sido un paseo por el parque o una canción a medio hacer. Una carta de amor, un capuccino en tu plaza favorita o un truco de magia sin ensayar apenas. Pero no. Quería que fuera un cuento. No para después de hacer el amor ni para que nos echemos de menos. No para que suene el Adaggieto de la quinta de Mahler, ni nada por el estilo.
Te regalo un cuento para que puedas hacerlo tuyo dibujándole una narizota, para que lo compartas con tu vecina de escalera o con tu gato. Para que elijas la banda sonora que te apetece que suene de fondo mientras lo lees.
Yo tengo mis canciones para escribirte. Tú las tuyas para leerme.
Te regalo un cuento para que puedas llevarlo contigo, dobladito en el bolso, o entre las páginas de un libro de Benedetti. Para que cuando te enfades conmigo puedas estrujarlo y hacer con él una pelota de papel, arrojarlo por la ventana y mirar complacida cómo lo atropella un autobús. Para que lo fotocopies mil veces y le entregues una copia a quien más te apetezca. Para que envuelvas con él una manzana o para colgarlo en tu pared. Para que le claves alfileres los días en los que me matarías. O para apuntar encima del título el teléfono de tu banco.
Te regalo un cuento improvisado. De esos que empiezas a escribir sin pensar y que no sabes cuándo acaban. Te regalo esta noche y todas las demás. Te ofrezco mi sonrisa non stop, sin conservantes ni colorantes. Aún a riesgo de poder ser acusado de alevosía y nocturnidad, y aunque puedan encontrarse muchos más agravantes.
Te dejo abierta la ventana para que te cueles, para que me espíes ésta noche. Para que me veas sin que te vea. Para que me cuides un poco sin que yo lo sepa.
Te regalo una idea. El concepto más hermoso de complicidad, un escenario vacío en el que buscar la manera de encontrarse. Te regalo un cuento que habla de amigos y de sueños, de noches de verano pegajosas, de mí mismo mientras me imagino tu cuarto desde lo alto del cielo, antes de lanzarme en picado sobre tu almohada. De kamikazes que se estrellan en tus brazos y que no vuelven a despegar, ni falta que les hace.
Te regalo el kit completo de cariño, el maletín mágico con el que jugabas de niña a maquillar muñecas y cocinar guisos de plastilina mientras yo fabricaba dinamita con el Quimicefa.
Te regalo un cuento indeterminado sin pies ni cabeza, sin trama ni desenlace final, sin argumentos y sin actores de reparto. Sin moraleja. Y si la tiene, que sólo tú la conozcas.
Lo único que necesitas es apagar la luz, cerrar los ojos y la puerta de tu habitación, no necesariamente en ese orden. Dejar que te lea al oído, olvidarte de las facturas y del telediario. Quererme un poco más que hace cinco minutos y hacérmelo saber, de alguna manera.
Te regalo un deseo. Llenarte de unas ganas locas de reír y de que salgas corriendo en busca de una diadema bonita para el pelo. Que necesites llamarme y te encuentres pidiéndome que apague la luz, que cierre mi puerta y entonces, empieces a leer el mismo cuento que estás leyendo ahora. Y ojalá no podamos dejar de llamarnos cada noche, para contarnos el mismo cuento. Toda una vida.
Un cuento para llevarte de viaje, y para leerle a tus hijos y a los míos, a tus nietos y a mi abuela. A las calles y a los parques.
Te regalo un cuento sin papel de colores ni un “espero que te guste”. Sin aplicar el IVA y sin descuento por pronto pago. Un cuento que habla de ti y de mí, que pueda leerse cualquier día del año, a cualquier hora, sea cual sea tu estado de ánimo o tu sabor favorito de helado.
Te regalo este cuento.
Te regalo un cuento para que puedas hacerlo tuyo dibujándole una narizota, para que lo compartas con tu vecina de escalera o con tu gato. Para que elijas la banda sonora que te apetece que suene de fondo mientras lo lees.
Yo tengo mis canciones para escribirte. Tú las tuyas para leerme.
Te regalo un cuento para que puedas llevarlo contigo, dobladito en el bolso, o entre las páginas de un libro de Benedetti. Para que cuando te enfades conmigo puedas estrujarlo y hacer con él una pelota de papel, arrojarlo por la ventana y mirar complacida cómo lo atropella un autobús. Para que lo fotocopies mil veces y le entregues una copia a quien más te apetezca. Para que envuelvas con él una manzana o para colgarlo en tu pared. Para que le claves alfileres los días en los que me matarías. O para apuntar encima del título el teléfono de tu banco.
Te regalo un cuento improvisado. De esos que empiezas a escribir sin pensar y que no sabes cuándo acaban. Te regalo esta noche y todas las demás. Te ofrezco mi sonrisa non stop, sin conservantes ni colorantes. Aún a riesgo de poder ser acusado de alevosía y nocturnidad, y aunque puedan encontrarse muchos más agravantes.
Te dejo abierta la ventana para que te cueles, para que me espíes ésta noche. Para que me veas sin que te vea. Para que me cuides un poco sin que yo lo sepa.
Te regalo una idea. El concepto más hermoso de complicidad, un escenario vacío en el que buscar la manera de encontrarse. Te regalo un cuento que habla de amigos y de sueños, de noches de verano pegajosas, de mí mismo mientras me imagino tu cuarto desde lo alto del cielo, antes de lanzarme en picado sobre tu almohada. De kamikazes que se estrellan en tus brazos y que no vuelven a despegar, ni falta que les hace.
Te regalo el kit completo de cariño, el maletín mágico con el que jugabas de niña a maquillar muñecas y cocinar guisos de plastilina mientras yo fabricaba dinamita con el Quimicefa.
Te regalo un cuento indeterminado sin pies ni cabeza, sin trama ni desenlace final, sin argumentos y sin actores de reparto. Sin moraleja. Y si la tiene, que sólo tú la conozcas.
Lo único que necesitas es apagar la luz, cerrar los ojos y la puerta de tu habitación, no necesariamente en ese orden. Dejar que te lea al oído, olvidarte de las facturas y del telediario. Quererme un poco más que hace cinco minutos y hacérmelo saber, de alguna manera.
Te regalo un deseo. Llenarte de unas ganas locas de reír y de que salgas corriendo en busca de una diadema bonita para el pelo. Que necesites llamarme y te encuentres pidiéndome que apague la luz, que cierre mi puerta y entonces, empieces a leer el mismo cuento que estás leyendo ahora. Y ojalá no podamos dejar de llamarnos cada noche, para contarnos el mismo cuento. Toda una vida.
Un cuento para llevarte de viaje, y para leerle a tus hijos y a los míos, a tus nietos y a mi abuela. A las calles y a los parques.
Te regalo un cuento sin papel de colores ni un “espero que te guste”. Sin aplicar el IVA y sin descuento por pronto pago. Un cuento que habla de ti y de mí, que pueda leerse cualquier día del año, a cualquier hora, sea cual sea tu estado de ánimo o tu sabor favorito de helado.
Te regalo este cuento.
Aprender a amar.
¿Cómo esperas que yo te ame?
Cuando no me amo a mí, siquiera...
Dame una razón para quererme
y te voy a amar sin fronteras.
Haz una lista de mis fortalezas;
que le gane a mi lista de defectos.
Porque no pienso vivir en una mentira,
no voy a querer en vano.
Temo.
Marwan.
Todos los gurús espirituales
los maestros en educación emocional
los psicólogos que hablan de no anclarse a nadie
los místicos que promulgan el camino de la autosanación
aquellos que miran por tu crecimiento personal
los expertos en autoestima
los que recomiendan ser fuerte
y depender sólo de uno mismo
Tienen razón,
pero yo soy más feliz cuando tú me miras.
Crónicas de insomnio 1:38 am.
Es tiempo de que tú y yo hagamos lo inconvencional, lo prohibido; es tiempo de que hagamos el amor. No te pido que me llenes de besos ensalivados y que me arrebates la ropa. Te pido algo todavía más complejo, algo que nunca se podrá quedar en una noche o en una cama, no. Lo que te pido, amor mío, es algo más allá de lo físico, del sexo. Te pido que hagamos el amor con algo más que el cuerpo. Que hagamos el amor con las ideas compartidas en la madrugada y con la libertad de un pensamiento ajeno. Te pido que digas mi nombre y hagas que mis pensamientos se desnuden con cada letra. Que tus ojos me exciten hasta el punto de poder crear mundos nuevos en donde tu cuerpo es más que extremidades, una carretera al infinito. Que mis besos se vuelvan versos y que me metas en un grave poema, en donde tu sonrisa siempre será mi cita favorita. Que tu lengua se mueva de manera hábil, formulando palabras que se tatuaran en mi cerebro como las tintas de los libros y leerte. Leerte por dentro y por fuera. Leer las líneas de tu cuerpo como leo mi poema favorito. Poder memorizar esa línea indiscreta de piel que se asoma cuando levantas los brazos con esa camiseta que siempre ha mostrado lo que te esmeras en ocultar; la que me invita a ver algo más de ti. Que me estremezcas con el simple roce de tu aliento y que mi beso en tu mejilla se transforme en un deseo compartido de algo más. Inundate en lo imaginable que te ofrece mi cuerpo, y acercarte sin preguntas pero con respuestas. Entrelaza tus supuestos defectos con mis imperfectos y llega al clímax con la seguridad de que contigo siempre será un sí.
Lo que te pido esta noche es que dejes que el amor haga lo que quiera con nosotros.
Narrando suspiros.
Yo sé que la vida son altibajos y que no siempre se obtiene lo que uno quiere, pero a veces es muy difícil aceptar que uno pueden caer tan bajo en tristezas y en depresiones que uno mismo se inventa. Lo malo de la tristeza es que cada individuo crea las suyas, cuando, en si, no deberían ni siquiera existir, pues la felicidad es una actitud, una opción y un regalo que nos debemos de dar día con día a nosotros mismos. A veces podemos ser las personas más antipáticas con nosotros mismos, pues nos conocemos a la perfección y sabemos las miles de cosas que hemos hecho y cuan miles más no hemos sido capaces de hacer…
Amor en tiempos de hambre. - Federico Garza Liturca -
Le escribí a su amor tantas veces,
que podía llenar dos bibliotecas,
lástima que nunca le gustó leer.
lunes, 2 de diciembre de 2013
Autodestrucción.
Dicen que cortarse y dañarse a uno mismo es estúpido, que autolesionarse es una locura...
Pero te diré que es estúpido; estúpido es dañar tanto emocionalmente a alguien, que lleguen a sentir que necesitan lastimarse físicamente también.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
























