Una idea de coraje se me vino esta mañana, de
sentarnos frente a frente y quitarme el camuflaje de soplar mis
emociones y transformarlas en palabras.
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lunes, 3 de febrero de 2014
Teresa Wilms Montt.
Las mujeres somos vehementes, y por eso inconstantes. El hombre es mil veces mejor organizado; ellos esperan. Cuando un ser femenino desea una cosa; vive, agoniza, muere por conseguirla. Y en su cabeza no hay otro pensamiento. Cuando lo consiguen, viene, casi inmediatamente, el hastío y el desencanto. Nosotras somos locas insaciables de ideales, y uno tras otro, sin descanso ni tregua hasta que la vejez pone término al fuego de la imaginación y de la fantasía…
Lord Byron, en epitafio para su perro.
"Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y tuvo todas las virtudes del hombre y ninguno de sus defectos".
Cartas a Clara, Juan Rulfo.
Y como te iba diciendo me acordé de ti mucho y ya no hallaba a quién contarle que tu vivías
sobre la tierra y que comías y dormías y que no eras ningún fantasma ni
ninguna alucinación mía, sino que estabas vivita y coleando y que te
quería mucho y que ya no te iba a regañar nunca, con tal de poder creer,
aunque no sea cierto, que tú también me quieres.
Me gusta aunque usted no se guste del todo.
Usted se mira en el espejo y se encuentra bastante feo; se mira los ojos, la nariz y la boca. Y no encuentra esa armonia deliciosa entre sus razgos, que todos conocemos como belleza. Es usted bastante feo ante sus ojos. Y déjeme decirle que, usted, muchachito, es bastante atractivo y no me baso en su físico, para sustentar este argumento. Es que usted tiene ese equilibrio que me inquieta, le miro ese potencial que tiene cómo hombre. Tiene la cabeza llena de ideas que me gustaría que compartiera conmigo, tiene un cuerpo que no es frágil pero que hay que cuidar y su cara, que tanto le disgusta, me provoca confianza, ternura. Espero que deje de decir, lo que considero mentiras sobre sí mismo, porque la belleza depende de los ojos con los que se miran y yo a usted lo encuentro increíblemente atractivo.
La chica de Adamantium.
Y sí, tal vez no sepa mucho de amor, pero supongo que será parecido a estirar los pies y encontrarme con el calor de tus deditos, girarme en plena madrugada y darte un beso, abrir los ojos y mirarte dormir y descubrir que no es un sueño. Supongo que será parecido a eso y muero de ganas por dejar de suponer y hacerlo…
Juan Rulfo.
No me canso de decir que es ella una cosa muy preciosa, más cada día que pasa; cada hora y cada momento te haces más hermosa para mí. Sí, yo también a veces tengo esas mismas ganas que tú de irme a algún cerro escondido y olvidarme del mundo; pero no solo, sino contigo, y ser entonces dueño de mi tiempo para poder dedicarme sólo a ti y a nada más y sentir que tú eres el principio y el fin de todas las cosas mías. Y de ese modo no estaría yo triste nunca. A veces, cuando pienso en ti tengo la impresión de estar viendo el mar y los árboles de los bosques. Pero me parece que este cuento ya te lo he contado. Sin embargo, no dejo de pensar en eso, que en ti me parece sentir el mar tal y como es y los bosques y los pájaros, y todas esas cosas que me gustan están en ti, encerradas, porque yo las he visto asomándose por tus ojos.
Jaime Sabines.
Se ha de ver usted muy bonita, bajo la lluvia, distante de los astros. Lamento de veras no estar en esas ocasiones a su lado.
Carlos Sadness.
He oído a muchos hombres hablar sobre curvas.
Pero a mí me gustan tus clavículas,
tus hombros,
tus nudillos,
y todo aquello que es punzante;
donde pueda quedarme,
para siempre clavado.
domingo, 2 de febrero de 2014
Ernesto Sábato.
Y era como si los dos hubiéramos estado
viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno
al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejantes, para
encontrarnos al fin de esos pasadizos.
Cristina Peri Rossi.
Extraña civilización ésta
en la cual a las dos de la mañana
de cualquier martes
de cualquier jueves
o domingo
cientos de miles de personas
están circulando por la red
con mensajes abreviados
en lugar de tocarse,
mamarse, lamerse, acariciarse.
en la cual a las dos de la mañana
de cualquier martes
de cualquier jueves
o domingo
cientos de miles de personas
están circulando por la red
con mensajes abreviados
en lugar de tocarse,
mamarse, lamerse, acariciarse.
Ernesto Pérez Vallejo.
Tendría que hacer un inventario de verdad,
solamente de las cosas que me faltan,
y decir tu nombre para resumirlo todo.
solamente de las cosas que me faltan,
y decir tu nombre para resumirlo todo.
Espejos rotos.
Hacer propio el sufrir ajeno, beber de golpe un atardecer por que en
ellos lloran los amantes mal correspondidos, caminar pisando cada frágil
hoja en el camino porque alivia los pesares de saber que el sufrimiento no
es nada más de uno.
Al caer la noche recostado entre tus brazos
cuento cada espacio entre el silencio y aquellas palabras que me contaste.
Bajo el estupor de cada letra se esconden esos
besos; promesas vacías, que al fino roce, choque infinito de galaxias,
de dos desconocidos al cruzar camino, debieron formarse.
Olga Cecilia Martínez Rojas.
¿Qué te he hecho? Te he dado todo…
No puedes merecerlo.
Elogio de lo irreparable. Félix Grande (1937-2014)
Olvida sobre la cama hasta tu propio idioma.
No pidas. No preguntes. Arrebata y exige.
Sé una perra. Sé una alimaña.
Resuella, busca, abrasa, brama, gime.
Atérrate, mete la mano en el abismo.
Remueve tu deseo como una herida fresca.
Piensa, o musita, o grita «¡Venganza!»
Sé una perdida, mi amor, una perdida.
En el amor no existe lo verdadero sin lo irreparable.
M.B
Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.
Gabriel Peralta.
Te espero sin saberlo y llegas sin saberme; te llevo
sin tenerte, te llevo a todas partes; te llevo a la estancia y a la
ducha, te llevo sin tenerte y tú sin saberlo, cómo te quiero y no lo
sabes, amor de ratos y pasiones; me olvidas sin tenerme, sin haberme
encontrado aunque yo te esperaba sin saberlo.
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